lunes, 27 de febrero de 2017

Capítulo 2: Una bandada de lechuzas

En el segundo capítulo de Harry Potter y la Orden del Fénix, el mundo de Harry se pone patas arriba, y mientras intenta entender lo que está pasando termina poniendo patas arriba el mundo de los Dursley y abriendo viejas heridas.

Después de un mes de inactividad, a Harry le está pasando todo de repente: es atacado por dementores, tiene que usar magia para deshacerse de ellos, la señora Figg es una squib y está en contacto con Dumbledore y ella y otros han recibido el encargo de vigilarle sin que él lo sepa.

Harry está en shock y no termina de concebirlo todo, afortunadamente, porque cuando haya tenido tiempo de reflexionar se dará cuenta de que ha tenido magos cerca todo el tiempo y nadie le ha dicho ni pío, con el consiguiente cabreo. Por suerte ahora es capaz de centrarse en lo importante, que es ponerse a salvo a él y a Dudley, mientras avisan a Dumbledore para que se ocupe.

Harry trata de escabullirse mientras los Dursley se ponen como locos al ver el estado de su hijo, pero Dudley piensa que él ha sido el causante y Harry se ve obligado a explicarse. En todo caso, antes de que pueda decir mucho recibe una notificación informándole de que ha sido expulsado de Hogwarts.

Está claro que es una maniobra de desprestigio de Fudge. pues Harry no tendría motivo alguno para invocar un patronus si no es para defenderse de un dementor, y en todo caso no pueden expulsar a un alumno de Hogwarts de manera independiente a la escuela y sin comprobar los cargos. Dumbledore acude al Ministerio para arreglar la situación, y Arthur se asegura de mandarle una carta a Harry para que no haga ninguna tontería.

Y menos mal, porque al saber que iban a destruir su varita Harry ya estaba pensando en darse el piro. Al recibir la carta de Arthur Harry se calma, y aunque le molesta la condescendencia con la que cree que le están tratando, acepta contarles a los Dursley la información que quieren, sin tapujos. Aunque ellos no quieren ni oír hablar de magia, están dispuestos a escuchar a Harry para saber lo que le pasa a Dudley, y eso ya es algo.

Es rarísimo ver a Harry y a los Dursley hablando con libertad de asuntos mágicos, y tal situación despierta los recuerdos latentes de Petunia de cuando vivía con su hermana, para su horror, pues no quiere volver allí bajo ningún concepto. Pero no va a tener más remedio.

Mientras hablan, el Ministerio envía una rectificación, aceptando revisar todos los cargos en una vista disciplinaria, seguido de una nota de Sirius en la que le recuerda otra vez que se quede en casa. Probablemente Sirius no sepa que ya se lo han dicho mil veces, pero que le repitan lo mismo una y otra vez sin explicarle nada de lo que está pasando ya le está empezando a tocar las narices.

Aunque para enfadado Vernon, que no está dispuesto a tener a Harry en su casa si con eso va a poner en peligro a su mujer y a su hijo. Es comprensible hasta cierto punto, no por ello menos egoísta, pero afortunadamente Dumbledore contó con esa situación y envió a Petunia un vociferador para recordarle la promesa que hizo. El no quiere abrirlo, no delante de Harry, pero lo poco que se escapa es suficiente para que recuerde el peligro que corre Harry si sale de casa.

Ahora Harry al fin tiene tiempo para estar solo, pero quizás tenga demasiadas cosas en qué pensar.

Observaciones y curiosidades:

  •  El título del capítulo hace referencia al momento en el que Vernon quiere decir "bandada" y dice "banananda". En el original dice "peck" en vez de "pack", que es la palabra inglesa para "bandada". El título del capítulo original dice "peck" para hacer referencia al error, pero en la traducción se pasó por alto. 
  • Al parecer, cuando fue atacado por los dementores Dudley se vio a sí mismo como el abusón y matón que es, y eso le inspiró a cambiar, o eso parece. 
  • La lechuza con la que envía Arthur su mensaje no es Errol, como muchos piensan, porque Arthur estaba entonces en el Ministerio. Probablemente allí tengan su propio servicio de lechuzas. 
  • Petunia no oyó lo de los dementores de James, como asume Harry, sino de Snape. Para ser justos, absolutamente nadie vio venir esa posibilidad.

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