lunes, 25 de abril de 2016

Capítulo 21: El secreto de Hermione

En el capítulo 21 de El prisionero de Azkaban, Dumbledore no puede ayudar a Harry y a Hermione a salvar a Sirius, pero les propone un método poco convencional para que lo hagan ellos mismos.

Hay mucho de lo que hablar en este capítulo, así que voy a ir por partes. Lo primero es Snape. Después de su gran actuación frente a los dementores, consistente casi exclusivamente en llevarse a la enfermería a gente inconsciente, Snape no duda en echarse flores delante del ministro de magia, y en aprovechar para fastidiar a Harry, todo por su propio bien, claro está. Su actitud plantea bastantes dudas sobre sus supuestas intenciones heroicas, si me permitís que lo diga.

Cuando Harry y Hermione despiertan (Ron sigue fuera de juego) tratan por todos los medios de defender a Sirius, pero por muchos agujeros que tenga la historia de Snape resulta más creíble que la que defienden Sirius, Harry y Hermione. Incluso aunque Dumbledore les cree, les hace ver a Harry y a Hermione que no tienen opciones de demostrar la verdad.

Su afirmación de que Sirius no ha actuado como un inocente es especialmente acertada; si no se hubiera puesto en plan asesino vengativo, ahora no tendría tantas dificultades para probar su inocencia. Es para Harry una dura entrada al mundo de los adultos, en el que tus actos tienen consecuencias para ti y tu gente. Sirius siempre ha sido muy impulsivo, y no va a ser la última vez que le pase factura.

Es interesante el momento en el que Harry se da cuenta de que Dumbledore no puede hacer nada; en el primer libro no contó con él pero Dumbledore le cubrió las espaldas, y en el segundo le ayudó incluso cuando no estaba. Es normal que Harry cuente ahora con él, cuando ya no le quedan más opciones, pero no siempre va a ser así. Es duro, pero necesita aprender esta lección.

Por otro lado, Dumbledore aún tiene un último as bajo la manga, o mejor dicho, es Hermione quien lo tiene pero necesitaba el permiso del director para usarlo en esta circunstancia. Hablo del giratiempo, por supuesto, uno de los artefactos más interesantes del universo Potter y que ha dado lugar a multitud de teorías e historias alternativas de viajes en el tiempo (que a su vez llegaron a basar la trama de El legado maldito).

Es muy difícil formar tramas con viajes en el tiempo sin caer en agujeros argumentales; por suerte, Rowling es lo bastante inteligente para crear reglas rígidas que marquen los límites de lo que se puede o no hacer: no se puede cambiar el pasado más de lo necesario, y bajo ningún concepto deben hacer contacto con sus otros yo; de esta forma, se evitan interferencias en los eventos de los capítulos pasados.

La tensión la aporta el contraste entre Hermione, que conoce las reglas y sabe que no deben cambiar nada de lo que ya ha pasado, y Harry, que es más impetuoso y quiere cambiar el pasado para mejorar el presente, y a la mierda las consecuencias. Por suerte, Hermione es capaz de contener a Harry, aunque le cuesta. La escena en el lago es algo distinto.

En perspectiva, está claro que Harry se vio a sí mismo usar el patronus para salvarle (¿salvarse?), pero en su momento, por instinto, vio más lógico que fuera su padre que había vuelto de entre los muertos antes que él mismo del futuro. Incluso después de viajar por el tiempo, el deseo de que fuera su padre quien le salvó superó a la lógica hasta el último momento, y eso no es casualidad.

La forma de ciervo que tomó el patronus de Harry en mi opinión ha de tomarse como su padre dándole fuerzas desde el más allá, en cierto modo poniendo cierre a una amistad tempestuosa y salvando a su hijo mediante su mejor amigo, y viceversa. Mientras que el patronus de Harry muestra lo que ha crecido en este libro, también muestra que siempre tendrá a sus padres en su interior; es precioso, y muy revelador en lo referente a otro patronus en particular. Ya se verá más adelante.

En todo caso, Harry y Hermione consiguen llevar la misión a buen término: rescatan a Sirius y Buckbeak y ambos huyen juntos. La despedida final entre Sirius y Harry, aunque breve, está llena de esperanza, pues tanto ellos como nosotros sabemos que no es el final. Aunque el tiempo siempre es limitado, no hace falta viajar por él para aprovecharlo, sólo vivirlo al máximo. Tanto James como Sirius vivieron con esa máxima, y ahora Harry sigue sus pasos.

Observaciones y curiosidades:
  • En el original, Snape llama al hechizo que supuestamente usó Sirius con Harry y los otros por su nombre, confundus. No creo necesario decir de dónde viene tal nombre. 
  • Se ha hablado mucho de las posibilidades que ofrecen los giratiempos para cambiar lo sucedido en el pasado, pero estos aparatos poseen varias limitaciones, por ejemplo que sólo permiten viajar al pasado cercano. El próximo texto que traduciré de Pottermore será sobre los giratiempos, que se introduce más en este tema. 
  • Teniendo en cuenta que Lupin estaba observando a Harry, Ron y Hermione con el mapa del merodeador, debería haber visto también al Harry y a la Hermione del futuro. Hay muchas teorías al respecto; yo opino simplemente que estaba centrado en los chicos del presente y no prestó atención a los demás nombres. 
  • Aunque opino que en gran parte el patronus corpóreo de Harry se debe a su padre, también hay que pensar que en esta ocasión usó el conjuro lejos de los dementores, con lo cual su efecto es superior; en el anterior capítulo estaba en la peor situación posible para usarlo y por eso no fue tan efectivo.

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