lunes, 24 de abril de 2017

Capítulo 10: Luna Lovegood

En el décimo capítulo de Harry Potter y la Orden del Fénix, el viaje de regreso a Hogwarts no es como Harry había anticipado, pero no todo tiene por qué ser malo, pues conoce a la gran Luna.

Después de librarse de la expulsión, Harry tiene puestas sus esperanzas en volver a Hogwarts y hacer lo mismo de siempre, que echa de menos. En cierto modo se aferra al pasado, a volver a los tiempos de La piedra filosofal en los que las cosas no estaban tan chungas, pero eso no va a pasar, y Harry tiene que hacerse a la idea de que esos tiempos ya pasaron, porque este curso no va a ser un camino de rosas.

Para empezar, el camino al tren se complica por la necesidad de ir acompañados de una guardia, porque Voldemort podría aprovecharse de saber seguro que Harry estará allí. No sucede nada, pero está claro que las precauciones son necesarias. Afortunadamente, Sirius se empeña en acompañar a Harry en su forma de perro y anima un poco el ambiente.

Es posible que su escapada alertara a Lucius Malfoy de que Sirius estaba en la Orden y con Harry, y que eso llevara a que utilizaran a Kreacher para llevar a Harry al Departamento de Misterios mediante la supuesta amenaza de Sirius, pero la verdad es que yo apoyo a Sirius esta vez. Aunque los mortífagos conocen su identidad, es poco probable que la filtren al Ministerio sin levantar sospechas, más allá de pistas vagas que no llevarán a ninguna parte (que será lo que suceda). Seguro que Sirius se lo pasó muy bien aquel día, y creo que valió la pena.

Una vez en el tren, Harry se encuentra con que no puede estar con Ron y Hermione porque ellos tiene que ir al compartimento de los prefectos. Ginny está con él, y Neville se une a ellos, pero ahora mismo Harry es demasiado inmaduro para apreciar realmente su amistad. Cuando Cho, la chica que le gusta, les pilla en un momento bastante embarazoso, Harry está muy avergonzado, en contraste con la actitud que demostrará en una escena similar el año que viene. Este curso Harry tendrá que enfrentarse a su faceta más inmadura y egoísta.

Y Luna representa es perfecta para provocar ese cambio. Luna es una persona que a primera vista resulta bastante repelente, en el sentido de que no te anima a entablar conversación. Es peculiar y no hace ningún esfuerzo por no parecerlo, porque eso para ella no tiene sentido. Eso es lo que la hace tan especial, que no se deja afectar por lo que la gente piensa de ella.

No es que ignore el mundo que le rodea; ella comprende que otros la consideren rara, y tampoco se corta al decirle a la gente lo que piensa. De hecho, ella prefiere que la gente sea sincera, y no guardará rencor a nadie sin importar lo que opinen de ella. Es el tipo de persona que ve lo positivo de todo, y que acepta lo negativo sin dejar que la influya.

Ahora mismo, Luna contrasta de manera genial con este Harry molesto y consciente de la opinión de los demás. Aunque está enfadado por quedar mal ante Cho y porque Malfoy sea prefecto, con todo lo que ello conlleva, Luna es capaz de aligerar la situación con las historias absurdas de El Quisquilloso y con su reacción a la broma de Ron.

Que este año todo va a ser distinto queda claro cuando en lugar de Hagrid es la profesora Grubbly-Plank la que recibe a los alumnos de primer año. Como es lógico, Harry se pregunta qué pasa, pero se distrae por poder ver a los thestrals.

Esta escena es muy representativa del valor de Luna: cuando Harry se queda confuso por poder ver a los thestrals cuando los demás no pueden, Luna se asegura de tranquilizarle, pues ella los conoce y sabe que puede resultar raro la primera vez. Por supuesto, su forma de decirlo casi causa más problemas de los que resuelve, bendita sea. Todo se resolverá antes o después.

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