lunes, 23 de mayo de 2016

Capítulo 2: La cicatriz

En el segundo capítulo de El cáliz de fuego, Harry se despierta de su extraño sueño con la cicatriz doliéndole después de mucho tiempo, lo que le lleva a dar un repaso a su vida.

Es inevitable no pasar por alto que este se trata de un capítulo de recopilación, que Rowling aprovecha para poner al día de lo ocurrido hasta el momento a quienes empiecen la saga con esta novela. No es algo que a ella le entusiasme hacer, pero lo ve necesario y es la última vez que recurre a este elemento, además de que hace un esfuerzo por integrar esta recopilación en la trama. Podemos perdonárselo; además aún hay elementos que vale la pena comentar.

Entre el sueño que ha tenido (en el que al parecer observa los últimos momentos del capítulo anterior, no desde el punto de vista de Frank Bryce como el lector, sino desde un punto de vista externo) y el dolor de la cicatriz, que no se producía desde los eventos de La piedra filosofal, Harry tiene sus motivos para preocuparse.

La última vez que le dolió la cicatriz fue porque Voldemort estaba cerca y recuperando sus poderes; como resultado, Harry baraja la posibilidad de que su némesis ande por allí cerca, pero pronto lo descarta, lógicamente. Más alarmante es la visión que ha tenido, en la que Colagusano se ha reunido con su señor, y juntos están planeando su retorno, con vistas a la muerte de Potter.

Aunque Harry no tiene motivos para pensar que su visión pueda ser nada más que un sueño, sus antecedentes le dan buenos motivos para preocuparse, y se pregunta a quién puede pedirle consejo sobre lo que hacer, limitado como está en el mundo muggle. Los Dursley están fuera de la cuestión, por supuesto; aunque Harry subestima lo que saben del mundo mágico, sí está en lo cierto en que no puede confiarles sus problemas.

Ron y Hermione son su primera opción, claro, pero está seguro de que se preocuparían demasiado, y de todas formas ninguno tiene experiencia con este tipo de cosas. Dumbledore es una opción más viable, en perspectiva es quien sabe más sobre la cicatriz de Harry, pero de momento la relación entre ellos no es tan íntima como será, y Harry evidentemente se preocupa de molestarle en sus vacaciones con algo que podría no ser importante.

Esto le lleva a pensar en Sirius. Aunque su padrino lleva poco en su vida, para Harry Sirius es una persona importante, alguien con la suficiente autoridad y experiencia para comentarle asuntos serios pero lo bastante cercano como para poder hablar de asuntos más livianos; un padre, o figura paterna, en pocas palabras, algo nuevo para Harry. Sirius ya ha estado ayudando a Harry con su mera presencia para asustar a los Dursley y que le dejen tener sus cosas en la habitación, y ahora puede ser lo que Harry necesita para poder calmar su malestar (sobre todo porque Sirius está en contacto con Dumbledore, aunque Harry no lo sepa).

Harry le escribe entonces una carta a su padrino, cuidando de no parecer demasiado preocupado y hablando también de temas banales. Satisfecho de tener gente en su vida con la que puede contar cuando lo necesite (la narración se toma un momento para señalar las tarjetas de felicitación que Harry recibió en su cumpleaños), Harry se siente con las fuerzas suficientes para pasar un día más con los Dursley.

Observaciones y curiosidades:
  • Este capítulo se sitúa en la madrugada de un sábado, pero en las primeras ediciones ponía que era domingo, creando un error de continuidad con los siguientes capítulos. 
  • Como están pared con pared, Harry puede oír roncar a Dudley desde su habitación; esto significará que cuando Harry tenga pesadillas con lo que sucederá en el cementerio, Dudley podrá oírle hablar durante ellas.
  • En la versión inglesa Harry se refiere a la videoconsola de Dudley como una PlayStation. 

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