lunes, 11 de enero de 2016

Capítulo 6: Posos de té y garras de hipogrifo

En el sexto capítulo de El prisionero de Azkaban, Harry y sus amigos comienzan el nuevo curso, pero para fastidio de Harry parece que la muerte le persigue a todas partes, incluso sin tener en cuenta a Sirius Black.

Al igual que en la novela anterior, Rowling dedica un capítulo al primer día del curso, esencialmente para mostrar los cambios que se puedan producir respecto al anterior; en este caso, se trata de mostrar las nuevas asignaturas de Harry y Ron, Adivinación y Cuidado de Criaturas Mágicas (no las de Hermione, sin embargo; me hubiera gustado ver algo de Aritmancia y Runas Antiguas).

Destacar la primera de las muchas ocasiones en este libro en las que está claro que hay algo raro con Hermione, y que no quiere contar, incluso a sus amigos: su horario incluye varias clases que se dan al mismo tiempo, y en la comida asegura haber ido a clases en las que Harry y Ron no han estado, cuando no se ha apartado de ellos en toda la mañana. Ahora mismo basta con tenerlo presente, más adelante ya se darán los momentos para recrearse en las consecuencias de los viajes temporales de Hermione.

La primera clase de los chicos es Adivinación, que imparte la extravagante profesora Trelawney. Trelawney es de ese tipo de profesores que aunque no son especialmente malos en su trabajo no se les puede tomar en serio (al fin y al cabo, los verdaderos adivinos son muy raros en este universo, y ella parece tener bien clara la teoría), ya que su exagerada propensión por el dramatismo y la muerte mina mucho su credibilidad.

Trelawney tiende a declarar sus habilidades en exceso, sean ciertas o no, y eso hace que sus verdaderas profecías queden tapadas por las falsas, o viceversa, según te caiga bien o no. Desde luego, eso no es motivo para que Hermione le hable así, no es propio de ella. No todos los profesores van a seguir el estilo de estudiar y practicar hasta que salga; el mayor punto débil de Hermione es que le cuesta adaptarse a situaciones nuevas para las que no haya podido prepararse, y eso se va a ver mucho en este libro.

En otro orden de cosas, la supuesta visión del grim por parte de Trelawney le resulta terrible a Harry, dado que ya había visto un perro similar antes cuando huyó de casa de los Dursley. (Sirius transformado). Entre el fuerte escepticismo de Hermione y la creencia supersticiosa de Ron Harry se queda un poco sin saber qué hacer, pobrecito.

Por suerte, la profesora McGonagall, además de introducir el concepto de los animagos (muy importante para el futuro), alivia los pesares de la clase explicándoles a los alumnos lo que deben esperar de Trelawney, incluyendo que predice la muerte de un alumno en cada curso para añadir drama a la cosa. Es curioso cómo en un mundo de magia, donde se supone que todo es posible, exista este tipo de escepticismo hacia lo que no se puede concretar, como la magia en el mundo muggle. Se hace raro.

Por la tarde, con todo esto en mente, asistimos a la primera clase de Hagrid como profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, en la que se nos presentan a los hipogrifos, especialmente a Buckbeak. Es una pena que Malfoy tuviera que asistir a la clase, porque si no todo hubiera ido bien, incluso con los otros Slytherins allí.

Es cierto que los hipogrifos son unas criaturas demasiado peligrosas para la primera clase en el tercer curso, y que Hagrid es un poquito permisivo con que los alumnos se acerquen a ellos, pero tiene cuidado de advertirles de lo que deben hacer y sólo deja que se acerquen todos cuando han tenido un ejemplo bien vigilado. Al final, lo que le pasó a Malfoy es enteramente culpa suya, por gilipollas y vacilón.

Sin embargo, las conexiones de Malfoy (del Malfoy padre, no del hijo; más quisiera Draco) y los hechos fríos de que un alumno haya salido herido en la primera clase de Hagrid no hablan bien en favor del nuevo profesor, y darán problemas en el futuro. Maldito Malfoy...

Observaciones y curiosidades:
  • En el original, cuando George le cuenta a Harry sobre cuando su padre tuvo que visitar Azkaban, le pregunta a Fred si se acuerda, no a Ron como en la traducción. 
  • Cuando se pregunta qué habrá preparado Hagrid para su clase, Ron en el original no expresa tanto curiosidad sino ansiedad, por si resulta ser algo peligroso.
  • Los hipogrifos no fueron creados por Rowling, son criaturas mitológicas cuyo origen literario se remonta al poema clásico italiano Orlando Furioso
  • Cuando Malfoy fue atacado y todos se fueron al castillo, ¿los hipogrifos se quedaron sueltos?
  • El gusarajo que menciona Hagrid que debería haber enseñado en la primera clase es, según Animales fantásticos y dónde encontrarlos, un gusano gigante, totalmente inofensivo, y la criatura mágica menos peligrosa.
  • Los "summat" que menciona también Hagrid no son animales fantásticos ni mucho menos, sino el producto de un fallo de traducción bastante grave: summat es la forma vulgar de something, que significa "algo" en inglés (en el original Hagrid habla en un inglés muy vulgar, difícil de entender). Lo que dice Hagrid en realidad es "Debería haber empezado con los gusarajos o algo así". Tristemente, este error no ha sido corregido en ediciones posteriores.

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